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02 enero 2011

Los mejores deseos para el año 2011

Lo sabes porque alguna vez te lo he dicho al oído, ya que las cosas importantes deben decirse de forma queda, como un susurro, sin aspavientos... que "todo lo que conseguí antes de los cincuenta no vale nada... Cuando llegue a los cien produciré cosas elogiables. Para no hablar de los años siguientes" (Hokusai). Y es que la esperanza quedó atrapada al cerrar la caja de Pandora y es un fuerte veneno para el alma y los sueños. Y eso te deseo para los años venideros, esperanza y miles de sueños.


Ilustración: Tania Quindós González

08 noviembre 2008

Pongamos que hablo de Obama


Hay personas que despiertan una gran esperanza entre los demás. La ilusión recorre las calles y se vuelve contagiosa. La esperanza es mayor en tiempos de crisis. Ilusión, esperanza y crisis se combinan y crean una atractiva sensación de que todo se mueve a un ritmo vertiginoso. Obama es en estos momentos una gran esperanza para millones de personas. Una esperanza de que las cosas cambien, se modifiquen para favorecer de forma equitativa a todos. La esperanza no tiene mucho que ver con el realismo. ¡Qué más da! A mí también me ilusiona y tengo grandes esperanzas en su gobierno. Sin embargo, los siglos van pasando con grandes cambios externos que no lo son en la estructura fundamental de la psique humana: siempre hay personas que están arriba y otras que estamos debajo, mucho o poco pero debajo.
La esperanza es un arma de doble filo y debemos recordar que “En el fondo de la caja” de Pandora, dice Michael Köhlmeier, “no quedaba más que la esperanza, que había permanecido sin poder salir. Desde entonces, la esperanza fue administrada por Prometeo, quien la custodió y nunca dejó que sus criaturas la percibieran completamente. La esperanza es una medicina muy fuerte, en su forma pura, sin diluir, puede hacernos daño. Por eso Prometeo se cuidó mucho de que la esperanza no fuese administrada sin el recuerdo”.

27 mayo 2007

Prometeo y la esperanza

Prometeo siempre me ha parecido un personaje curioso y atractivo. Hermanastro de Zeus que crea al ser humano a partir de un amasijo de cenizas yacentes sobre la tierra y mojadas por la lluvia, no se fía para nada de los dioses. Roba el fuego a los dioses (portador del fuego o de la luz) para que los seres humanos no pasen frío y puedan cocinar y paga su audacia con un castigo atroz: permanecer clavado en una roca con los brazos extendidos y sufrir que un águila le picotee y coma el hígado durante el día. Este órgano, de gran capacidad de reproducción, le crecía por la noche causándole más dolor si cabe que el infligido por los picotazos del águila. Aunque no está claro por qué, fue liberado y perdonado (¿intercesión de Heracles? ¿Zeus le necesita para que le haga algún favor en sus correrías amorosas?) y dedica sus mejores consejos a su hermano Epitemeo.
El más claro y certero es que le dice que de los dioses no hay que aceptar ningún regalo. Pero nadie escarmentamos en cabeza ajena y Epitemeo acepta un regalo de Zeus, su futura mujer, Pandora, creada por Hefestos según el modelo de Afrodita, su esposa. Pandora, famosa por su caja, portaba dicha caja cargada de sufrimientos. Prometeo vuelve a aconsejar a su hermano. Esta vez le dice que no abra la caja. Y de nuevo Epitemeo, al que le debemos los sufrimientos que están desbocados por el mundo, desoye el consejo.
“En el fondo de la caja”, dice Michael Köhlmeier, “no quedaba más que la esperanza, que había permanecido sin poder salir. Desde entonces, la esperanza fue administrada por Prometeo, quien la custodió y nunca dejó que sus criaturas la percibieran completamente. La esperanza es una medicina muy fuerte, en su forma pura, sin diluir, puede hacernos daño. Por eso Prometeo se cuidó mucho de que la esperanza no fuese administrada sin el recuerdo”.
Y Prometeo tiene toda la razón, la esperanza es algo muy positivo pero nunca debe impedirnos percibir la realidad tal como es ni hacernos olvidar los hechos pasados. La esperanza, por desgracia, no solo ha sido patrimonio de Prometeo. Muchos embaucadores del espíritu, el alma y la mente humana nos han vendido humo durante muchos siglos. Han sido y siguen siendo muy hábiles porque son capaces de confeccionar hermosos vestidos hechos de esperanza para cubrir sus engaños y mentiras.
Humanos somos y Prometeo, por desgracia, murió hace tiempo para la gran mayoría de nosotros.