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08 noviembre 2008

Pongamos que hablo de Obama


Hay personas que despiertan una gran esperanza entre los demás. La ilusión recorre las calles y se vuelve contagiosa. La esperanza es mayor en tiempos de crisis. Ilusión, esperanza y crisis se combinan y crean una atractiva sensación de que todo se mueve a un ritmo vertiginoso. Obama es en estos momentos una gran esperanza para millones de personas. Una esperanza de que las cosas cambien, se modifiquen para favorecer de forma equitativa a todos. La esperanza no tiene mucho que ver con el realismo. ¡Qué más da! A mí también me ilusiona y tengo grandes esperanzas en su gobierno. Sin embargo, los siglos van pasando con grandes cambios externos que no lo son en la estructura fundamental de la psique humana: siempre hay personas que están arriba y otras que estamos debajo, mucho o poco pero debajo.
La esperanza es un arma de doble filo y debemos recordar que “En el fondo de la caja” de Pandora, dice Michael Köhlmeier, “no quedaba más que la esperanza, que había permanecido sin poder salir. Desde entonces, la esperanza fue administrada por Prometeo, quien la custodió y nunca dejó que sus criaturas la percibieran completamente. La esperanza es una medicina muy fuerte, en su forma pura, sin diluir, puede hacernos daño. Por eso Prometeo se cuidó mucho de que la esperanza no fuese administrada sin el recuerdo”.

13 septiembre 2008

Desde la atalaya marina


Contemplas el declinante, rojizo horizonte, de esta tarde de suave primavera, desde tu atalaya marina.

Los azules se funden con los índigo, grana, oro y plata, en la distante lejanía de la inmiscible suspensión de aire y agua.

Los barcos, grandes y pequeños, blancos y negros, verdes o rojos, de ruidosos motores o silenciosas velas, hilan sus rectos caminos sobre la salada superficie de la bahía.

Se enmarañan y confunden sus trazos, se borran y dibujan sus efímeras líneas.

Siguen sus rastros tus soñadores ojos, mientras labran historias y fantasías con la plata de sus estelas.

Son fantasías viajeras, de países lejanos, países cubiertos de sol y de bruma.

Sientes las raíces, metamorfosis de tus pies, taladrar la familiar y cálida tierra pero tu alma etérea se eleva hasta acariciar las nubes que envuelven tus pensamientos.

El camino muta continuamente, se transforma en cada instante y esquina, se teje con argénticos y áureos hilos, mientras se abren a tus ojos, tus pies, tu mente, las multicolores imágenes de esa aventura que es la vida, tu vida entera.



Ilustraciones de Tania Quindós González

19 enero 2008

Sábado, dulce sábado

Después del atracón de periódicos y de contemplar el día a través de los cristales, me he quedado con unas ganas enormes de dar un paseo. Lamentablemente, todavía es pronto para salir a la calle. Sin embargo, no me importa, el alma está repleta de energía, el sol está en pleno apogeo, el azul domina el firmamento y, parece mentira, todavía es sábado, divino y dulce sábado.

30 marzo 2007

Niebla y olvido

Niebla y olvido, dos palabras que juntas parecen el título de un bolero. Cuantas veces me ha servido la niebla para sentirme en otro mundo, otra época, otra vida.
La niebla y el olvido viajan juntos en mi pensamiento como inseparables compañeros.
No me desagrada la niebla, mis ojos claros están acostumbrados mejor a sus veladuras que a la intensidad del sol.
No me disgusta sentirme envuelto, transportado, desorientado en sus difusos contornos.
Probablemente mi alma necesite sentirse libre, sin brújula, en demasiadas ocasiones y sobrevalore el efecto de la niebla en mis sentidos, su fuerza magnética, como un sur lleno de misterio.

24 febrero 2007

Aprendí en tu cálida mirada que la poesía no necesitaba del verso.

Aprendí en tu cálida mirada que la poesía no necesitaba del verso. Que la prosa reflejada en tu piel era tan buena como los mejores sonetos para expresar los sentimientos.
Comprendí que el azote de la soledad no es ningún castigo divino ni humano. Tal vez sea una suave caricia del tiempo, tal vez una pequeña parada en la dureza del camino que nos deja reflexionar sobre el efímero y difuso pasado, la inestabilidad del momento presente, el incierto cercano y lejano futuro.
Entendí en tus pausadas y rítmicas frases, muchas expresiones de la grandeza que se oculta en lo breve y sencillo, en lo pequeño, en lo minúsculo, en ese gesto de tu mano cariñosa sobre mi seca piel.
Por eso miro la lluvia, la sempiterna lluvia tamborileando en los fríos canalones, contemplo su continuo rocío calmando la sed de la dormida tierra, y creo verte en cada gota, en cada giro y volteo que dan obligadas, impulsadas por el viento.
Y creo, sencillamente creo, yo que nunca he creído en lo que no han visto mis ojos, sentido mis dedos, notado mi piel, escuchado por mis oídos en la penumbra de la vida sin sol, respirado u olido e inundado en esencias de mixturas humanas lo más profundo de mi alma.