19 enero 2008

San Gallardón, pero menos

Los mass media están revueltos estos días a cuenta de las elecciones generales. Una pizca de sal acaba de poner don Mariano con ese intento de parecer que manda donde todos sabemos que le tienen de marioneta. Es curioso pero todo vale en política y creo que debemos tener mucho cuidado de la propaganda con la que nos venden la moto.
Esta claro que doña Esperanza es una política de la más rancia derecha ultra-conservadora. Sus años de desgobiernos en la comunidad de Madrid avalan su integrismo tanto en lo social y cultural como en lo ideológico. Es dama de ir bajo palio de roucos, varelas y demás castrati. Hay muchos damnificados de su cruzada, la de ella y la de ellos que se diferencian en ser la misma, contra todo aquello que pueda tener un tufillo innovador, renovador o progresista.
Pero, ojo al cristo que es de madera, no vayamos a confundirnos y hacer santo a don Alberto. No hay político que llegue a donde está él sin haber aprendido el fino arte de la zancadilla, la daga veneciana, la traición y la cobardía. Si hoy le vemos rebotado, despechado y deshonrado, mañana le veremos con otra careta u otra cara más propicia al momento, tal vez más alegre, que nunca sabe nadie si es cara o careta, sentimiento o sensibilidad.
No confundamos las cosas y no es cuestión de inclinarse por lo menos malo para ponerse en contra de lo peor. Hay que decantarse por lo mejor aunque sea tan difícil discernirlo. Para mí está claro que lo mejor no está ni en los neocon, ni en los con, ni en la madre que realizó el glorioso esfuerzo de parir a tan nefasta hermandad de intereses.

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