13 septiembre 2008

Desde la atalaya marina


Contemplas el declinante, rojizo horizonte, de esta tarde de suave primavera, desde tu atalaya marina.

Los azules se funden con los índigo, grana, oro y plata, en la distante lejanía de la inmiscible suspensión de aire y agua.

Los barcos, grandes y pequeños, blancos y negros, verdes o rojos, de ruidosos motores o silenciosas velas, hilan sus rectos caminos sobre la salada superficie de la bahía.

Se enmarañan y confunden sus trazos, se borran y dibujan sus efímeras líneas.

Siguen sus rastros tus soñadores ojos, mientras labran historias y fantasías con la plata de sus estelas.

Son fantasías viajeras, de países lejanos, países cubiertos de sol y de bruma.

Sientes las raíces, metamorfosis de tus pies, taladrar la familiar y cálida tierra pero tu alma etérea se eleva hasta acariciar las nubes que envuelven tus pensamientos.

El camino muta continuamente, se transforma en cada instante y esquina, se teje con argénticos y áureos hilos, mientras se abren a tus ojos, tus pies, tu mente, las multicolores imágenes de esa aventura que es la vida, tu vida entera.



Ilustraciones de Tania Quindós González

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