04 febrero 2007

Angustia

La felicidad es una hermosa utopía.
Pretendemos alcanzar un estado de bienestar, de satisfacción, de dulce apariencia de que todo lo que nos rodea es rosa, azucarado, que nos deja esa sensación melosa en el paladar. Pero la realidad es cruda, dura, fría, y nos enseña los dientes con demasiada frecuencia, como un perro rabioso que pelea a muerte por su hueso descarnado.
Crecemos persiguiendo utopías y esa búsqueda nos da aliento suficiente para entender que un momento de alegría o dos, si el día se presenta generoso, nos puede dar energía para sobreponernos al día a día. Pero, no podemos ser del todo ciegos. Y cuando vemos, cuando contemplamos sin gafas oscuras, la realidad, no podemos evitar una amarga sensación de angustia.
Esa angustia es parte intrínseca de nosotros, está incrustada, engarzada en nuestro interior con tanta fuerza que es difícil separarla de nuestra propia esencia. Si es que no es nuestra propia esencia.

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