23 mayo 2006

Los hábitos poco saludables y la intolerancia (Divagación + Estarcido)


Casi todos sabemos, en mayor o menor medida, lo peligrosos que son algunos hábitos para la salud. Recientemente, se aprobó la famosa “ley del tabaco” regulando los lugares en los que está permitido fumar y en los que está prohibido. Supongo que la intención es buena y pretende preservar a todos aquellos que no fuman por placer y, sin embargo, son realmente fumadores pasivos porque a su alrededor no se respeta su derecho a no tener que fumar involuntariamente. El efecto beneficioso de la prohibición es mayor cuando los fumadores pasivos son niños cuyo organismo está en continuo cambio y desarrollo y determinados tóxicos, como el tabaco y el alcohol, es preferible que no interrumpan estos procesos fisiológicos. Otros tóxicos, por razones poco claras, presentes en el ambiente, el agua o los alimentos, no parecen recibir tanta atención por parte de las instituciones competentes en dichas materias. Sin darnos cuenta, nuestro cuerpo va adquiriendo incontables elementos extraños e insanos porque controlar su presencia puede disminuir los beneficios de determinadas empresas privadas o públicas.
No deseo extenderme en estos comentarios que mejor debería llamar críticas. La verdad es que quería referirme a otra situación: el derecho a envenenarse y morir dignamente. Realmente no sé si tenemos estos derechos porque cuando leo los comentarios impresos sobre la eutanasia o el derecho a morir dignamente que manifiestan muchos enfermos terminales o en situaciones de dependencia total de otros, como es el caso de los tetrapléjicos, hay un importante rechazo por parte de muchas personas.
Sin embargo, sorprende como cambian las cosas, las ideas, las opiniones. Cuando era niño fumar o beber (me refiero claro está a bebidas alcohólicas) eran hábitos aceptados socialmente por la gran mayoría de las persona. Mas pronto que tarde te introducías o te introducían en ese hábito: tus amigos, las películas, los héroes de los tebeos o los libros, … casi todo alrededor de nuestra cultura giraba en función de éstos y otros hábitos que después hemos comprendido que eran perjudiciales. Muchas personas tienen realmente problemas para dejar estas adicciones, otras son consumidores esporádicos. Los efectos nocivos son muchos pero, tal vez por la gran diversidad genética que tenemos, no se manifiestan tan duramente en todos los que fuman o beben. Ésto hace que muchos se sientan (o nos sintamos) invulnerables pero no es así.
En concreto, puedo decir que me gusta fumar y que no fumo (probablemente llevo cerca de tres años sin fumar). Me gustaba fumar en pipa o fumar cigarros puros (pero no cigarrillos). Me sentía envuelto en una atmósfera romántica las pocas veces que fumaba y me transportaba casi a otro lugar mientras disfrutaba de pensamientos y sensaciones, muchas creadas en las lecturas o en las películas que forman mi acervo personal. También me gustan varios tipos de bebidas alcohólicas y casi no bebo, o más bien bebo puntualmente, en ocasiones en que me parece interesante envenenarme un poco. Y a ésto, al envenenarse un poco me quiero referir porque creo que una persona tiene derecho a saber que se está envenenando pero también a poder hacerlo, si esto no significa dañar a otras personas.
Estoy de acuerdo con la prohibición de fumar en lugares compartidos con otras personas. Me gusta poder tomar tranquilamente un té o un café en una cafetería sin necesidad de tener que lavar posteriormente la ropa porque no hay quien soporte el mal olor a tabaco quemado. Siempre elijo habitaciones de no fumadores en los hoteles. Pero también creo que una persona adulta tiene que poder fumar, si lo desea, un cigarrillo o un puro, o cualquier otra cosa fumable si lo hace solo o en compañía de otras personas que tengan la misma apetencia.
Lo mismo podría decir sobre el alcohol y quisiera recordar un consejo de un filósofo de la Grecia antigua, creo que era Sócrates (corríjanme si me equivoco) que decía que “el vino no debe probarse antes de los veinte años, entre los veinte y los treinta debe beberse con mucha moderación, pero a partir de los treinta es difícil soportar los avatares de la vida sin la compañía del vino”. Creo que es un consejo tal vez exagerado, que puede ser adaptado con cierta permisividad a otros márgenes de la edad y la vida, pero probablemente refleje un sentimiento que ha acompañado siempre al ser humano: la dificultad de adaptarse a los continuos cambios que nos trae la edad y la vida.
Los siguientes recuerdos de Kathy (escritos por Kazuo Ishiguro) son sobre el tabaco y el hábito de fumar y ciertos extremismos que pueden pasar de la ficción a la realidad sin ningún problema ya que la realidad suele superar a la ficción:
“No sé como habrá sido en otros centros, pero en H. los custodios eran sumamente estrictos con el hábito de fumar. Estoy segura de que habrían preferido que ni nos hubiéramos enterado de la existencia del tabaco; pero dado que tal cosa era imposible, cada vez que surgía cualquier referencia al hecho de fumar se aseguraban de aleccionarnos firmemente en contra de un modo u otro. Cuando se nos mostraba la fotografía de algún escritor famoso, o de algún líder mundial, y éste sostenía un cigarrillo entre los dedos, se hacía un alto en la clase para afearle la conducta en tal sentido. Circulaba incluso el rumor de que algunos libros clásicos –como los de Sherlock Holmes, por ejemplo- no tenían cabida en nuestra biblioteca porque los personajes principales fumaban mucho, y cuando nos topábamos con alguna página arrancada de un libro ilustrado o una revista, sabíamos que era porque en esa página aparecía la fotografía de alguien fumando.”

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